Varios estudios afirman que los arándanos ofrecen una importante neuroprotección además de otros beneficios para la salud.
Su consumo frecuente puede llegar a ralentizar o revertir las pérdidas de memoria o cognitivas y de coordinación motora que acompañan a la edad. Por ejemplo, déficits en funciones cerebrales que acompañan a enfermedades como la esclerosis múltiple, Alzheimer o Parkinson.
Parece que también ayudan a ralentizar el crecimiento de células cancerígenas y a prevenir enfermedades cardiovasculares e infartos (pueden reducir el colesterol en sangre y otros componentes grasos en sangre).
Asismismo pueden mejorar la visión y reducir y proteger de disfunciones oculares (galucoma o cataratas) y reducir las infecciones urinarias.
De hecho, los arándanos ya fueron consumidos en la antigüedad no sólo como comida sino también como medicina.
Al fin y al cabo son uno de los más potentes antioxidantes naturales que existen. Y sabemos que estos son vitales para proteger de daños celulares y sus componentes, para contrarestar los radicales libres y otras sustancias de metabolismo celular que pueden contribuir al cáncer y otras enfermedades relacionadas con la edad o degenerativas.
También parecen mejorar la memoria espacial y la capacidad para aprender. Un ‘superalimento’ que aumenta la concentración y la memoria hasta cinco horas más tarde. Se cree que estimulan el flujo de sandre y oxígeno al cerebro y mantiene la mente despierta. No estarían mal para exámenes o días difíciles de trabajo.
Y además de todos estos beneficios… ¡están buenísimos!
En suma, para proteger tu cerebro… ¡no hay nada como comer arándanos!